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Adiós a Álvaro Mejía, una leyenda del atletismo nacional  Deportes 

Adiós a Álvaro Mejía, una leyenda del atletismo nacional

Enero 13 de 2021 - por Juan Camilo González para Q'hubo Bogotá

El atletismo colombiano está de luto. Uno de sus máximos referentes, Álvaro Mejía Flórez, falleció en las últimas horas, a sus 80 años.
Este paisa alcanzó la gloria en las décadas de los años 60 y 70, al ganar la prueba de los 1.500 metros en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1962 y de los Sudamericanos.

Foto: COC

De igual manera, triunfó en las pruebas de los 1.500, 5.000 y 10.000 metros de los Juegos Bolivarianos de Quito (Ecuador) en 1965, siendo el único corredor en alcanzar la triple corona.

Pero lo que lo convirtió en leyenda del atletismo nacional fue la tradicional San Silvestre de Brasil, de 1966, cuando venció al gran favorito de esa época, el belga Gastón Roelants. Ese fue primer triunfo de un deportista colombiano a nivel internacional.

Foto: COC

Luchador incansable

Mejía siempre tuvo pasión y un deseo constante de superarse, tanto que tuvo que hacer grandes sacrificios para mejorar sus habilidades. Saltaba las vallas de seguridad de la Universidad Nacional para entrenar en su pista, pues en esa época no había escenarios deportivos de calidad. Muchas veces fue detenido.

Fue un pionero implementando modelos de entrenamientos más exigentes y siempre impuso la filosofía de superarse a sí mismo para ser el mejor. Todo lo aprendió de forma empírica, sin la ayuda de un entrenador. Eso le permitió, por ejemplo, ser décimo en la prueba de los 10.000 metros en los Juegos Olímpicos de México 1968.

Con esa mentalidad ganadora, Mejía preparó su participación en la Maratón de Boston (Estados Unidos) de 1971, la más importante del mundo. Y ganó con un tiempo de 2 horas, 18 minutos y 46 segundos; se convirtió en el primer suramericano en imponerse en esta competencia. Fue su gran hazaña.

Rebelde con causa

Y qué decir de su fortaleza mental, era la de un grande del deporte. Siempre tuvo una actitud rebelde para afrontar todo tipo de adversidades, desde encargarse de sus siete hermanos, tras la muerte de su padre en 1957, pasando por el negarse a llegar mal preparado a sus pruebas, aún con las limitaciones económicas y de infraestructura. También le dio palo al Gobierno por su falta de apoyo a los atletas.

“Cuando les gané a los mejores semifondistas del mundo, en México 1966, regresé a Colombia y me pusieron sobre los hombros el favoritismo para ser medalla de oro dos años después, en los Juegos Olímpicos de México… y me dejaron solo”, contó con rabia Mejía.

Álvaro nunca dejó de correr. Aún siendo adulto mayor se la pasaba trotando en sectores de Bogotá como La Soledad (Teusaquillo). Superó el cáncer, pero la cuarentena lo llevó a afrontar un duro cuadro de depresión. Ayer nos dejó este ídolo del deporte. Q.EP.D.

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