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¡A brillar con luz propia!  En familia 

¡A brillar con luz propia!

Abril 17 de 2021 - por Q'HUBO Bogotá para Q'hubo Bogotá

Hay personas que, por la misma actitud alentadora con la que asumen de
la vida, son afortunadas. Además, aprenden a ver cada situación que viven como un aprendizaje y, de esta forma, son capaces de lograr todos sus propósitos.

Lo que más me gusta de quienes actúan así es que, más allá de las épocas difíciles, no se ciñen a ningún tipo de razonamiento pesimista, ni mucho menos a cosas sombrías. Yo no entiendo por qué existen hombres que, en lugar de ver el lado amable de cada cosa, se la pasan dilapidando sus energías atrayendo más problemas de los que tienen. En lugar de lamentar
la mala suerte que dicen llevar, deberían superar esos miedos que tanto les han frenado sus vidas.

Admito que cada quien es libre de recorrer su camino a su gusto. Sin embargo, no podemos negar que crecemos más cuando nos inclinamos
por un sendero en donde prevalecen los ambientes positivos, llenos de sinceridad y odios ni falsedades.

Hay quienes aún sabiendo cuál es el camino recto, se tuercen y caen en vicios y errores. De esta forma, nada los enaltece y poco a poco van cometiendo más faltas. Todos, sin excepción, debemos confiar más en nuestras capacidades y en la Divina Providencia, pues todas ellas tienen cosas valiosas generosas.

La suerte estará siempre de nuestro lado si sabemos aprovechar las oportunidades. El amor, sumado al humor, son las alas del alma Deberíamos amar más y
reír con más frecuencia. Quien no vuela se queda atornillado en el dolor de su espíritu.

No es la carga la que nos pesa, es el modo cómo la llevamos. La mente es un imán y con nuestras afirmaciones podemos ser las víctimas o los productores de nuestros triunfos.

¡Huyámosle a la rutina!

Cambiemos la agenda, por que el tedio acaba con todo. Eso es como un óxido que carcome al más entusiasta de los espíritus. También valoremos a quienes tienen andares sencillos y van imprimiéndole a su cotidianidad gestos de alegría y resplandor.

Tenemos que ser hombres sanos, sobre todo, en el pensamiento. Porque más allá de lo que nos suceda, nuestro rostro y la sana actitud son los lustres y los matices de nuestra alma.

La idea no es solo conservar la chispa con un ‘régimen de sonrisas’, cuando
el mundo se nos derrumba. De lo que se trata es de cambiar el semblante, porque nuestras caras son las fiscales de nuestras intenciones y, por ende, sentirnos más abatidos de lo que podamos estar nos llevará al ‘cadalso’
(tablado para ejecutar la pena de muerte). Aprendamos a ser serenos y seamos unos especialistas en la alegría. De esta forma, obtendremos
mejores dividendos.

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