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Dios, fe y espíritu, trilogía de la vida  En familia 

Dios, fe y espíritu, trilogía de la vida

Diciembre 06 de 2020 - por Q'HUBO Bogotá para Q'hubo Bogotá

Hay tres conceptos que suelen ser interpretados de una forma errada por algunos, y por eso deseo expresar mi punto de vista sobre ellos. La idea de Dios es aquella en la que se plantea a un Ser Superior como el dador de todas las cosas.

Tal término ha sido acuñado en muchas civilizaciones, y en nuestro caso ha sido Jesucristo quien ha hecho parte de ese pedazo de nuestra historia como deidad representante del catolicismo.

En otros lugares son Buda, Confucio o Alá, que no son más que variaciones de lo que conocemos como el concepto de Dios. En segundo lugar, la religión es el conjunto de doctrinas que se establecen como modos de vida a los seguidores de una de esas deidades en específico. Pueden llamárseles directrices o mandamientos y cada seguidor, según la deidad en la que crea, adoptará un estilo de vida basado en un conjunto de creencias.

Cada una de estas doctrinas tiene miles de variaciones, como el caso del cristianismo, que a pesar de compartir un mismo Dios tiene diferentes dogmas que lo adoran de distinta manera (como los son las iglesias protestantes).

Ahora, lo que se diferencia en gran medida de esos dos primeros conceptos es la tercera idea: la de la espiritualidad. Ésta lo que busca es otorgar un balance óptimo y sano sobre el control de todas las emociones y las energías de cada ser humano desde su ser interior hasta el mundo que lo rodea.

La gran diferencia con los otros dos conceptos es que todo se trabaja desde adentro y no desde afuera. En la espiritualidad no existe el engaño, puesto que el sujeto debe enfrentarse a sí mismo ‘sí o sí’, al menos si quiere encontrar paz y serenidad.

Todos los seres humanos somos espirituales, creamos o no en un Dios o sigamos o no una religión específica, puesto que la sola facultad de poder generar emociones negativas o positivas y que nuestros actos afecten nuestra vida, y al mundo que nos rodea, nos hace entes de energía.

Por ejemplo, una persona puede no creer en Dios ni en ninguna religión, pero no puede amputarse la capacidad de sentir emociones como el amor, el odio o la confianza.

Creo profundamente en Dios y lo veo como la guía que me ayuda a tomar decisiones acertadas, pero no puedo dejar en manos de Él lo que es mi responsabilidad. Si todos entendiéramos esto tendríamos un mundo mejor, más sano y amigable.

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