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Que la soberbia no le haga creer que usted es más que los demás  En familia 

Que la soberbia no le haga creer que usted es más que los demás

Noviembre 21 de 2020 - por Q'HUBO Bogotá para Q'hubo Bogotá

Hay personas que andan por el mundo como si tuvieran puestos cristales de aumento: en la oficina, en la universidad y en la calle… siempre vemos seres necios y presuntuosos. Un importante cargo en la empresa, un apellido ilustre, una buena cantidad de dinero en el banco y hasta una buena ‘pinta’ aumentan esa ridícula idea de creerse más que los demás.

La verdad es que la soberbia es tan fuerte que muchas veces opaca al sentido común. En la política, en los negocios, y sobre todo, en los sentimientos, dicha petulancia juega un papel tan relevante que, por culpa de ella, se cometen muchos atropellos. ¿Cuántas mujeres y hombres son inteligentes pero, al mismo tiempo, ‘se creen estrellas’ y terminan realizando toda clase de estupideces?

Usted puede ser inteligente, pero la inspiración para utilizarla viene de Dios, así que sea humilde.

El que se siente más que su prójimo jamás concibe la igualdad, el respeto y la tolerancia. Tampoco reconoce un error, es altivo y se rodea de mediocres que no hacen otra cosa que celebrarle sus ridiculeces. ¡Y es tan tonto, que se lo cree! El soberbio nunca acepta que se equivoca y siempre busca que se le dé culto a su absurda personalidad o forma de ser. Su ‘liderazgo’ se basa en su falso ‘don de mando’.

¿Sabe algo? Un corazón soberbio encierra una profunda inseguridad. Por eso, el arrogante quiere cubrir sus vacíos y busca aprobación para que sus temores desaparezcan. Nunca se deja aconsejar, porque mira a los demás
como si fueran de menor rango que él. De igual forma, menosprecia las sugerencias de los otros, pues las considera de poca valía.

Un soberbio no conoce limitaciones. Por eso hoy vemos pueblos que padecen toda serie de injusticias, solo porque sus dirigentes se creen los dueños del mundo. Mejor dicho: La soberbia es un mecanismo de compensación a la profunda pobreza de alma.

La idea de ultrajar a los demás absorbe al soberbio, convirtiendo su desprecio en la más terrible de todas las enfermedades del espíritu humano. Lo que más me angustia de alguien así es que en él no hay
espacio para Dios. Grave cosa, porque si hay algo que Jesucristo criticó fue la autosuficiencia y la prepotencia de los fariseos, quienes se creían
inmaculados e impecables.

Y desde ese tiempo a los nuestros, este mal sigue vivo. ¡Cuántos hogares se destruyen por la soberbia de los cónyuges! Hay infinidad de casos de jefes que lastiman, lesionan y humillan a sus subalternos.

Si usted es soberbio, le recuerdo que lo que se comienza con arrogancia, termina con vergüenza, pues tarde o temprano Dios le moverá el piso y le aseguro que el totazo será muy fuerte.

Recuerde que una manera sana de aprender el arte de vivir con humildad consiste en apostarle a ser bondadoso y humilde. Cuando alguien es sencillo, crea un aura de paz sobre su vida, y de paso atrae grandes bendiciones.

No en vano alguien decía que la humildad nos acerca a la Gloria de Dios. ¡Y tiene razón! Reflexionemos y tengamos en cuenta que el orgullo hace que nos sintamos ‘gigantes’ o ‘falsamente poderosos’, en medio de un mundo que en últimas gira para todos por igual.

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