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Sencillo: es mejor ser... que parecer  En familia 

Sencillo: es mejor ser... que parecer

Noviembre 15 de 2020 - por Q'HUBO Bogotá para Q'hubo Bogotá

Durante la época de nuestros abuelos ser sencillo era algo relativamente ‘normal’.

No pasa lo mismo hoydía, pues la gente ya no es auténtica ni actúa
de una forma natural. Cada vez son menos las personas que viven de una manera espontánea.

Incluso los actos arrogantes, así como las apariencias, predominan en nuestra cotidianidad.

Las apariencias parecenser las protagonistas de nuestra cotidianidad.Nos hemosolvidado de que el mejor centro de atención tiene su asiento en la sencillez.

El ‘gesto augusto’ del sembrador no es tan evidente en los rostros. Los accesorios, las arandelas y las ni miedades se convirtieron en las herramientas o en las estrategias de quienes solo desean hacerse notar.
¿Por qué hemos llegado al extremo de querer ser lo que no somos?

Tal vez nos hemos acostumbrado a complicarnos la existencia.

Ahoravivimos en unmundo quenos ‘bombardea’ con modelos de opulencia y olvidamos que la mayor riqueza reside en nuestros corazones.

Gastamos demasiado tiempo y energía simulando ser otras personas. ¿Qué sucedería si dejáramos de buscar tantos reconocimientos o si no nos preocupáramos tanto por saber quién es el mejor?

Si nos detuviéramos a contemplar el interior y todo lo que se mueve a nuestro alrededor, a lo mejor encontraríamos más calma y serenidad.

Es fundamental reflejarnos tal y cual somos porque, de esta forma, no tendríamos que fingir.

Ser sinceros…

Mentir no es sano para el alma. Uno de los secretos para no vivir siempre actuando de una manera postiza consiste en apostarle a la honestidad.

Esto significa que deberíamos ‘bajarle el volumen’ a nuestra vida ambiciosa y reducir las obligaciones ‘exorbitantes’ que nos hemos impuesto día a día.

Cambiar no implica alejarnos de toda la gente. Pero sí podríamos empezar
por huir de quienes sabemos quenos van a exigir comportamientos que no
podemos asumir, ya sea por temor al ‘qué dirán’ o por falta de carácter.

Deberíamos medir los alcances de nuestras expectativas y seleccionar solo aquellas que realmentenos hagan felices. Por ejemplo: lo importante no es tener carro, sino poder ‘movilizarnos’ tranquilos por la vida así sea en un servicio de autobús urbano.

Estamos en mora de desapegarnos de las falsas necesidades que nos hemos inventado. Hay que dejar de llevar cargas inoficiosas.

¡No malgastemos nuestras fuerzas!

No podemos vivir en un mundo de falsedad, pues corremos el riesgo de estar atados a intereses ajenos. Vivir de una manera sencilla es quitarse
un peso de encima y entender que la vida fluye sin tanto aspaviento.

Necesitamos pocas cosas para ser felices y, por ende, las extravagancias no tienen sentido. Vivamos con lo justo, pero sin tacañerías.

Eso también implica vivir desapegado de lo material y de un buen cúmulo de emociones negativas que lo único que hacen es desgastarnos.

Hay que tener presente que en ninguna parte podemos encontrar un retiro tan apacible y más tranquilo que en la intimidad de nuestra alma.

Si queremos contemplar ‘frente a frente’ la gloria de Dios en la tierra, debemos abrirle la puerta de la sencillez.

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